¿Por qué Jesucristo no se defendió en legítima defensa?
Una lectura desde la bioética personalista
Dionisio Martos Medina
Blog de Bioética Personalista
Resumen
La Pasión de Jesucristo plantea una cuestión moral esencial: ¿por qué no ejerció su derecho a la legítima defensa? Desde la perspectiva de la bioética personalista y la teología católica, su actitud no fue pasividad ni renuncia a la justicia, sino expresión suprema de libertad y amor redentor. Cristo no fue víctima de la violencia, sino sujeto libre que entregó su vida para romper el ciclo del mal con el bien, revelando que la defensa última de la humanidad se realiza por el don de sí mismo.
Palabras clave
Jesucristo; Bioética personalista; Legítima defensa; Sgreccia; Girard; Benedicto XVI; Amor redentor.
1. Cristo no se defendió porque entregó su vida libremente
Jesús afirma: 'Nadie me quita la vida; yo la doy voluntariamente' (Jn 10,18). La Pasión no fue un asesinato inevitable, sino un acto libre de entrega. Cristo no fue vencido por la violencia humana, sino que transformó el mal en instrumento de redención, manifestando que la verdadera victoria no es conservar la vida, sino donarla por amor.
2. No renuncia al derecho natural: lo trasciende
La legítima defensa es un derecho natural y, a veces, un deber moral. Sin embargo, Cristo no estaba sometido a esa obligación, pues su misión era revelar el amor absoluto de Dios. Su silencio ante la agresión no fue cobardía, sino testimonio de una moralidad superior que supera la lógica de la autodefensa con la lógica del amor.
3. Romper el ciclo de la violencia
René Girard interpretó la cruz como la ruptura del mecanismo sacrificial de la humanidad. Jesús rompe el círculo de la venganza, no devolviendo mal por mal, sino respondiendo con perdón: 'Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen' (Lc 23,34). Así, la cruz se convierte en la resistencia más radical al mal, la que vence no destruyendo, sino redimiendo.
4. La entrega como forma suprema de libertad
Para Benedicto XVI, la cruz no es el fracaso de un justo, sino la manifestación más alta de la libertad del amor. Cristo no muere como víctima de un poder exterior, sino como sujeto moral que elige amar hasta el extremo (Jn 13,1). En su entrega se revela la máxima expresión de autonomía moral: el poder de darse completamente por los demás.
5. La lectura bioético-personalista del sacrificio
Desde la bioética personalista, la vida es un bien fundamental, pero no absoluto. Su valor se realiza plenamente cuando se convierte en don. Elio Sgreccia señala que 'el valor de la vida se consuma cuando se convierte en entrega'. Cristo no renuncia a defenderse, sino que defiende el bien mayor: la redención de la humanidad, mediante la donación total de sí mismo.
Conclusión
Jesucristo no se defendió porque su misión no era conservar su vida, sino salvar la nuestra. Su sacrificio no niega el derecho humano a la legítima defensa, sino que lo trasciende en el plano del amor redentor. En la cruz, el amor vence al mal no mediante la fuerza, sino mediante el don total de sí. El silencio de Cristo ante la violencia se convierte así en palabra definitiva sobre el sentido de la vida, la libertad y la redención.
Referencias bibliográficas
1. Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 2263–2265.
2. Sgreccia E. Manual de Bioética. 2ª ed. Madrid: Biblioteca de Autores Cristianos; 1996.
3. Girard R. La violencia y lo sagrado. Madrid: Anagrama; 1983.
4. Benedicto XVI. Jesús de Nazaret. Madrid: La Esfera de los Libros; 2007.
5. Tomás de Aquino, S. Suma Teológica, II-II, q.64, a.7.
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