RITO DE MISA, RITO DE CORRIDA DE TOROS, UNA INTERPRETACIÓN TURNERIANA
Por Dionisio Martos Medina. dmartos@telefonica.net En la plaza —como en el templo— el hombre entra distinto a como salió de casa. No lo sabe del todo, pero lo presiente. Hay un umbral invisible que separa lo cotidiano de lo solemne. Y al cruzarlo ya no manda el reloj, sino el rito. Victor Turner, que miraba la vida como quien mira una ceremonia sin quedarse en el ornamento, diría que aquí comienza la fase liminal: ese territorio extraño donde el individuo deja de ser “uno” para convertirse en “parte”. La calle queda atrás; la plaza y la iglesia abren delante un espacio de excepción. Un lugar donde, por unas horas, el mundo se suspende con la misma naturalidad con la que se enciende una vela. Empieza la liturgia con el paseíllo, que es la forma española de decir: “aquí estamos”. En la Misa, el equivalente tiene música de canto de entrada, procesión y, frente a la asamblea, palabras de saludo. Se presentan los oficiantes, se reconoce a la asamblea, se declara el marco. Y el público, qu...