Análisis bioético de un pensamiento de Golda Meir

Por Dionisio Martos

El texto atribuido a Golda Meir —“Cuando llegue la paz, tal vez con el tiempo podamos perdonar a los árabes por matar a nuestros hijos, pero nos resultará más difícil perdonarlos por habernos obligado a matar a sus hijos. La paz en Medio Oriente llegará cuando los árabes amen a sus hijos más de lo que nos odian a nosotros”— plantea, desde una perspectiva profundamente ética, la tensión entre el derecho a la defensa propia y el valor absoluto de la vida humana.

1. La centralidad de la vida como bien inalienable

Desde la bioética personalista, la vida humana constituye un bien fundamental e indisponible (1). La afirmación de Meir subraya el drama de un conflicto en el que, por el odio, se instrumentaliza la vida de los propios hijos como herramienta política y bélica. El hecho de que los hijos —símbolo del futuro y de la continuidad de un pueblo— se conviertan en víctimas directas o indirectas del conflicto constituye una violación radical de la dignidad humana (2).

2. La paradoja moral de la defensa

El fragmento revela la paradoja bioética del uso de la violencia defensiva: el derecho a proteger la propia vida y comunidad puede implicar, en la práctica, el atentado contra la vida de inocentes. Este dilema sitúa a la ética en un terreno de tensión, donde la proporcionalidad, la responsabilidad y la justicia deben ser cuidadosamente sopesadas (principio de doble efecto) (3). Meir apunta precisamente a esta herida moral: el sufrimiento no solo por la muerte propia, sino también por la imposición de convertirse en verdugo.

3. Amor frente a odio: la condición de posibilidad de la paz

La propuesta de que la paz llegará cuando se ame más a los hijos que se odia al enemigo introduce un criterio bioético de gran calado: la primacía del amor y del cuidado de la vida sobre la lógica destructiva del odio. El personalismo sostiene que el fundamento de toda convivencia humana es la apertura al otro en su dignidad, no la negación de su existencia (4). De ahí que la apelación a una reorientación de valores —de la pulsión de muerte al principio de cuidado— sea un imperativo ético para el futuro de la región.

4. Responsabilidad intergeneracional

El texto interpela también a la bioética de la responsabilidad (Jonas): el deber de garantizar la supervivencia de las generaciones futuras (5). Amar a los hijos implica no solo protegerlos de la muerte inmediata, sino construir condiciones sociopolíticas que aseguren un horizonte de vida digna. La paz, entonces, no es solo ausencia de violencia, sino compromiso activo con la transmisión de un legado ético a las generaciones venideras (6).


Conclusión

La reflexión de Golda Meir revela la dimensión trágica de los conflictos bélicos cuando comprometen a los inocentes, y subraya que la verdadera paz no se alcanzará por el equilibrio del miedo o de las armas, sino por una conversión ética: situar el amor a la vida —encarnado en los hijos— por encima del odio hacia el adversario. Desde la bioética personalista, el desafío es pasar de la lógica de la confrontación a la lógica del cuidado, donde el reconocimiento de la dignidad del otro se convierte en la condición indispensable de una paz justa y duradera.


Referencias

  1. Sgreccia E. Manual de bioética. Fundamentos y ética biomédica. Madrid: Biblioteca de Autores Cristianos; 2014.

  2. Levinas E. Totalidad e infinito. Salamanca: Sígueme; 2002.

  3. Beauchamp TL, Childress JF. Principles of biomedical ethics. 8th ed. New York: Oxford University Press; 2019.

  4. Wojtyla K. Persona y acción. Madrid: Palabra; 2011.

  5. Jonas H. El principio de responsabilidad. Ensayo de una ética para la civilización tecnológica. Barcelona: Herder; 1995.

  6. Pellegrino ED, Thomasma DC. For the patient’s good: The restoration of beneficence in health care. New York: Oxford University Press; 1988.


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