Mascotismo, aborto y crisis demográfica:

Análisis bioético personalista de una paradoja contemporánea

Por Dionisio Martos Medina. 

Resumen

En el contexto occidental contemporáneo se constata una paradoja: se promueve la consideración jurídica y afectiva de las mascotas como miembros de la familia, al tiempo que se consolida el aborto como un derecho fundamental. En paralelo, se descuidan de forma crónica las políticas de conciliación laboral y familiar. El presente artículo, desde el marco de la bioética personalista, analiza esta contradicción cultural y jurídica, y expone sus consecuencias sobre la natalidad, la cohesión social y la transmisión de valores intergeneracionales.

Introducción

En las últimas décadas, España ha experimentado una transformación legislativa y cultural de gran calado en torno al concepto de familia. Tres líneas de acción política y social destacan de forma paralela:


1. La promoción del “mascotismo”: en 2021, la reforma del Código Civil reconoció a los animales de compañía como “seres sintientes”, con capacidad de custodia y protección legal en casos de separación o herencia [1]. Esta reforma convirtió a la mascota en sujeto de derecho equiparado simbólicamente a un hijo.


2. La extensión de la legislación sobre el aborto: en 2023 se modificó la Ley Orgánica 2/2010, reforzando el acceso al aborto y eliminando requisitos como el consentimiento paterno para menores de 16 y 17 años [2]. El aborto, lejos de considerarse un drama social, se ha normalizado como “derecho reproductivo”.


3. La ausencia de políticas efectivas de conciliación: mientras tanto, España mantiene uno de los índices de fecundidad más bajos de Europa —1,19 hijos por mujer en 2023 [3]— y una tasa de envejecimiento creciente, con un saldo vegetativo negativo por séptimo año consecutivo.

El fenómeno del “mascotismo” como sustituto de la paternidad

El auge del “mascotismo” responde en parte a factores sociales y económicos. Para muchas parejas jóvenes, mantener un hijo resulta económicamente inviable por los costes de vivienda, conciliación y estabilidad laboral. En cambio, mantener una mascota es socialmente aceptado, económicamente más asequible y emocionalmente compensatorio.


Ejemplos recientes ilustran esta tendencia:

- Custodia compartida de mascotas: varios juzgados han tramitado en los últimos años litigios por la custodia de perros tras divorcios, reconociéndolos como parte del núcleo familiar [1].

- Servicios funerarios y cementerios de mascotas: ciudades como Barcelona y Madrid han inaugurado cementerios y tanatorios exclusivos para animales de compañía, con ceremonias equivalentes a las humanas.

- Licencias laborales para cuidado de mascotas: algunas empresas privadas ofrecen permisos laborales retribuidos para atender emergencias veterinarias, mientras que el cuidado de hijos enfermos aún implica reducciones de salario en muchos convenios.


La mascota, en este marco, funciona como un “hijo simbólico” que ocupa el espacio afectivo y cultural destinado tradicionalmente a la descendencia.

Legislación sobre aborto: la “muerte propiciatoria”

La reforma de 2023 consolidó el aborto como un derecho subjetivo de la mujer, reforzando su accesibilidad. Desde la perspectiva de la bioética personalista, este enfoque reduce la vida humana naciente a un bien disponible, subordinado a la voluntad de otro.


El término “muerte propiciatoria” expresa esta contradicción: la sociedad facilita legalmente la eliminación de la vida en sus etapas más vulnerables, mientras reconoce como vida digna de protección a un animal doméstico.


Algunos datos ilustran esta realidad:

- En 2022, se notificaron en España 98.316 abortos voluntarios [5], cifra superior al número de nacimientos en varias comunidades autónomas.

- La edad media de las mujeres que abortan se sitúa en torno a los 30 años, coincidiendo con la etapa de mayor potencial reproductivo.


Así, el aborto no solo afecta a la vida individual del concebido, sino que constituye un factor estructural de la crisis demográfica.

Consecuencias sociales y culturales

Individualismo y presentismo

Sin descendencia, disminuye la motivación por mejorar la sociedad a largo plazo. Se invierte en la comodidad del presente, no en el futuro común. La mascota satisface necesidades emocionales inmediatas, pero no genera continuidad generacional.

Envejecimiento demográfico

El saldo vegetativo negativo (más muertes que nacimientos) es ya crónico. España perdió en 2022 más de 100.000 habitantes de población autóctona [3]. Esta tendencia compromete la sostenibilidad del sistema de pensiones, la productividad y la cohesión social.

Desplazamiento de valores

La sociedad comienza a otorgar a los animales un estatus cultural superior al del no nacido. Se celebran cumpleaños de mascotas, se legisla sobre su bienestar, mientras se invisibiliza el valor ontológico de la vida humana en sus inicios.

Análisis bioético personalista

La bioética personalista ofrece un marco crítico para comprender esta paradoja:

1. Centralidad de la persona humana: la dignidad humana es ontológica, no depende de su etapa vital ni de su utilidad social. Por tanto, no es legítimo reconocer más valor jurídico a un animal que a un concebido.

2. Vocación relacional de la persona: la paternidad y maternidad forman parte de la realización plena de la persona. Sustituir este dinamismo por vínculos con mascotas refleja una antropología incompleta.

3. Responsabilidad intergeneracional: toda sociedad se sostiene en la transmisión de la vida y los valores. Al negar la procreación, se niega también la proyección cultural hacia el futuro.

4. Cultura de la muerte vs. cultura de la vida: la banalización del aborto constituye una manifestación de la “cultura de la muerte” denunciada por Juan Pablo II [4]. Frente a ella, la bioética personalista propone una cultura de la vida y de la procreación, donde el cuidado de la familia y la transmisión de la vida son bienes irrenunciables.

Conclusión

La paradoja cultural contemporánea muestra un desequilibrio profundo: se legisla sobre la custodia del perro y se abandona la conciliación de la maternidad; se celebra el cumpleaños del gato mientras se silencian las cifras de abortos.


El futuro no se construye sobre mascotas ni sobre la negación de la vida, sino sobre la continuidad generacional y la transmisión cultural. Si España desea evitar el suicidio demográfico y cultural, debe reorientar sus políticas hacia la protección integral de la vida humana y el apoyo real a la familia.

Referencias

1. Ley 17/2021, de 15 de diciembre, sobre el régimen jurídico de los animales. BOE n.º 300 (16-12-2021).

2. Ley Orgánica 1/2023, de 28 de febrero, de salud sexual y reproductiva y de la interrupción voluntaria del embarazo. BOE n.º 51 (28-2-2023).

3. Instituto Nacional de Estadística. Indicadores demográficos básicos 2023. Madrid: INE; 2024.

4. Juan Pablo II. Evangelium Vitae. Ciudad del Vaticano: Librería Editrice Vaticana; 1995.

5. Ministerio de Sanidad. Interrupción voluntaria del embarazo. Datos definitivos 2022. Madrid: MSSSI; 2023.

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