La ley del “solo sí es sí”:
Análisis desde la bioética personalista de la ley de garantía integral de la Libertad sexual
Por Dionisio Martos
Introducción
La conocida como ley del “solo sí es sí” —Ley Orgánica 10/2022, de garantía integral de la libertad sexual— se promulgó en España con el objetivo declarado de reforzar la protección de las víctimas de violencia sexual y promover una cultura del consentimiento. Esta ley ha generado un amplio debate jurídico, social y ético, especialmente por sus consecuencias penales y su redefinición del consentimiento sexual.
Desde la bioética personalista, que defiende una visión integral y relacional del ser humano, resulta pertinente analizar esta ley más allá de los titulares y evaluar qué aciertos y qué riesgos presenta en relación con la dignidad de la persona.
El núcleo de la ley: consentimiento afirmativo
La ley establece que solo se entenderá que hay consentimiento cuando este se haya manifestado de manera explícita, clara, libre y afirmativa. El consentimiento no puede inferirse del silencio, la inacción o las relaciones previas. Esta definición desplaza el eje de los delitos sexuales desde el uso de violencia o intimidación hacia la ausencia de consentimiento afirmativo.
Desde una perspectiva bioética, este enfoque resalta la importancia del consentimiento libre y consciente en todas las interacciones humanas, lo que puede considerarse un acierto.
Aportes positivos reconocidos
Desde la bioética personalista se pueden valorar positivamente ciertos elementos de la ley:
- Reafirma la centralidad de la libertad y la voluntad de la persona en las relaciones sexuales, lo cual está en sintonía con el respeto a la dignidad personal.
- Visibiliza y combate violencias estructurales que degradan a la mujer, la cosifican o trivializan el daño sexual.
- Propone una educación en el respeto desde la infancia, reconociendo que la sexualidad debe ir unida a la formación de la conciencia y el afecto.
Críticas bioéticas desde el enfoque personalista
A pesar de estas intenciones, la ley presenta problemas éticos y antropológicos serios si se analiza desde la bioética personalista:
a. Reducción de la sexualidad al consentimiento
Aunque el consentimiento es necesario, no es suficiente para garantizar la dignidad de la relación sexual. La sexualidad humana no puede reducirse a un contrato verbal, sino que implica donación mutua, afectividad, responsabilidad y apertura a la vida. La ley evita deliberadamente hablar de estos valores.
b. Visión antropológica fragmentada
Se presenta al ser humano como un individuo aislado y autónomo, desvinculado de toda dimensión relacional profunda. Esto va en contra de la visión personalista, que entiende a la persona como unidad de cuerpo y espíritu, llamada a la comunión interpersonal.
c. Riesgo de penalismo desproporcionado
La ley ha generado una inseguridad jurídica en su aplicación penal, como lo demuestra la rebaja de penas a agresores sexuales ya condenados. Esta desproporción contradice el principio de justicia y el respeto al debido proceso.
d. Ideología de género como trasfondo normativo
La ley se fundamenta en una visión ideológica de la sexualidad basada en el constructivismo de género, que ignora la realidad biológica y simbólica del cuerpo humano, fundamental para la ética del reconocimiento y la responsabilidad.
Propuestas desde la bioética personalista
Una bioética arraigada en la dignidad de la persona puede ofrecer propuestas complementarias:
- Educar en una sexualidad integral que una cuerpo, afecto, responsabilidad y trascendencia.
- Promover relaciones interpersonales basadas en el respeto mutuo, la donación recíproca y el sentido del otro como fin, no como medio.
- Reforzar la ley desde un enfoque de justicia restaurativa y prevención, no solo punitivo.
- Desideologizar el marco legislativo y fundarlo en una antropología que reconozca la verdad del cuerpo y de la relación.
Conclusión
La ley del “solo sí es sí” pretende combatir la violencia sexual desde la afirmación del consentimiento. Sin embargo, una ética centrada en la persona exige ir más allá del consentimiento formal y promover una visión de la sexualidad como expresión de amor, verdad y responsabilidad.
“La libertad no se agota en decir sí o no, sino en amar con todo el ser a otro ser humano, en cuerpo y alma.” — Robert Spaemann
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