Ecología y bioética personalista:
Custodios de la creación desde el Génesis
Por Dionisio Martos
Introducción
En un mundo atravesado por crisis ecológicas, climáticas y éticas, se vuelve imprescindible recuperar una visión integradora del ser humano y la naturaleza. La bioética personalista, fiel a la antropología cristiana, ofrece una lectura en la que la dignidad humana y el cuidado de la creación no se contraponen, sino que se iluminan mutuamente.
Para ello, es necesario volver al origen: al relato del Génesis, donde se inscriben los primeros mandatos del Creador al hombre y la mujer. En estos textos bíblicos encontramos la primera ecología moral de la historia.
El mandato de cultivar y guardar (Génesis 2,15)
“Tomó, pues, el Señor Dios al hombre y lo colocó en el jardín del Edén, para que lo cultivara y lo guardara.”
Este versículo concentra la misión ecológica del ser humano en dos verbos esenciales:
- Cultivar (‘abad’ en hebreo): trabajar, transformar, poner creatividad al servicio de la vida.
- Guardar (‘shamar’): custodiar, proteger, conservar lo recibido como un don.
Desde la bioética personalista, este mandato refleja que la técnica y la intervención humana son legítimas, pero deben estar siempre al servicio del bien común y del respeto a la vida. No somos propietarios absolutos de la naturaleza, sino administradores responsables.
Dominad la tierra… pero no como tiranos (Génesis 1,28)
“Sed fecundos, multiplicaos, llenad la tierra y sometedla; dominad los peces del mar, las aves del cielo y todos los animales que se mueven sobre la tierra.”
Este versículo, a veces malinterpretado como un mandato de explotación ilimitada, en realidad debe leerse en su contexto hebraico y teológico:
- El “dominio” del hombre no es de dominus (tirano), sino de pastor y servidor, imagen de Dios.
- Dominar es servir la vida, no destruirla. La autoridad humana sobre la creación es vicaria, no absolutista.
El Papa Francisco en Laudato si’ (n. 67) insiste en que este dominio debe interpretarse “como una forma de servicio responsable, no de explotación despótica”.
Una ecología desde la dignidad humana
La bioética personalista parte de la premisa de que toda acción ética nace del reconocimiento del valor de la persona. Pero este reconocimiento se extiende al entorno natural, porque:
- El hombre está insertado en la creación, no por debajo de ella, pero tampoco por encima como un tirano.
- El respeto por la vida humana implica también respeto por los ecosistemas que la sostienen.
- La justicia ecológica se completa con la justicia social: cuidar la tierra es también cuidar al pobre, al no nacido, al anciano, al enfermo.
“El amor a la creación y el amor al prójimo no pueden separarse, porque ambos tienen un mismo origen: el Creador.” — Jean-Marie Meyer
Consecuencias bioéticas
Desde esta lectura del Génesis, la bioética personalista propone:
- Un uso ético de los recursos naturales, evitando tanto el despilfarro como el abandono tecnológico.
- Una crítica al tecnicismo sin conciencia, que explota el medio sin ver sus consecuencias sobre el ser humano.
- Una defensa de la ecología integral, donde la protección del medio ambiente y la dignidad de cada persona se refuerzan mutuamente.
- Una invitación a la conversión ecológica, que no es solo un cambio de hábitos, sino de corazón.
Conclusión
La bioética personalista no ve al ser humano como un intruso en la naturaleza, sino como su custodio responsable y amado. El Génesis nos recuerda que fueron creados juntos el mundo y el hombre, y que la vocación humana es servir la vida en todas sus formas, empezando por la humana y extendiéndose a toda la creación.
“Cuidar la tierra es también cuidar del otro. Y cuidar del otro es custodiar el rostro del Creador.” — Elio Sgreccia
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